Estamos en el momento crucial donde los abogados pasamos de ser agentes reactivos a
actuar de manera anticipada. Y es que el conocimiento jurídico sigue siendo de gran valor,
aquellas eṕocas donde memorizábamos normas completas, interpretábamos códigos y
líneas juridspurdenciales, sigue vigente pero no es el elemento exclusivo. Es hora de darnos
cuenta, que el entorno cambia a una velocidad mucho más acelerada que la legislación.
Nuestro valor como abogados puede diferenciarnos cuando sabemos tomar las decisiones
adecuadas en escenarios complejos. Ya no somos los profesionales de control a quienes se
acude cuando surge un conflicto, o se necesita un mero repaldo legal, no estamos ubicados
en el final del proceso de la toma de decisiones, hoy orientamos el camino desde el
principio y bajo control, es decir, nos anticipamos a los riesgos, los mitigamos, y como norte
convertimos el cumplimiento normativo como la ventaja competitiva de cualquier
corporación o entidad.
Es por ello, que liderar se ha convertido en nuestra mejor fortaleza, ya que el liderazgo
jurídico pasa de ser el solucionador de inconvenientes del pasado a convertirse en la base o
cimientos donde construimos el futuro más sólido de instituciones o sociedad confiables.
En un mundo donde la economía se dinamiza cada vez más rápido y con ayuda de la
inteligencia artificial, los riesgos aumentan al por mayor, los mismos que hace poco eran
impensables. Debemos reconocer que la consulta de normas y de cualquier otra
información jurídica está al alcance de un clic y cada vez más rápido, es por ello
imprescindible conservar nuestro mayor capital como abogados y es la capacidad de
anticiparnos, acompañado de nuestro poder de decisión de cuándo aplicar una ley o
regulación al interpretar un contexto, asumiendo el criterio de tomar riesgos y preveer
consecuencias de las decisiones que ayudamos a tomar, lo cual nos hace pasar de simples
consultores a estrategas.
Es así, como un abogado debe sufrir una metamorfosis completa dejar de permanecer en
una crisálida netamente jurídica camuflados en nuestro entorno de leyes, y ser ese imago
que despliega sus alas para reiniciar ese ciclo vital profesional que nos lleva a ser el
estratega que entiende que debe construir el mejor camino dentro del marco jurídico, para
que nuestras decisiones como profesionales sean capaces de anticiparnos, preveer,
gestionar riesgos y planificar estratégicamente los argumentos jurídicos que requiere hoy
día la alta gerencia.
El liderazgo en sus diversas formas, no significa imponer criterios desde una óptica técnica,
sino generar confianza para que otros puedan decidir con mayor seguridad.