El Presidente no puede gobernar desde Bogotá
Colombia necesita pasar de un Gobierno que administra el territorio desde la capital a un Gobierno que toma decisiones desde el territorio.
Hay una imagen que se ha vuelto demasiado normal en Colombia: ciudadanos, alcaldes, gobernadores, empresarios, organizaciones sociales y comunidades viajando a Bogotá para pedirle al Estado que llegue a sus territorios.
La pregunta que deberíamos hacernos es otra: ¿por qué tiene que viajar el territorio hasta el Gobierno y no el Gobierno hasta el territorio?
Durante décadas hemos construido un modelo de administración pública excesivamente centralizado. Bogotá concentra buena parte de las decisiones, de los funcionarios, de las reuniones y de la capacidad institucional. Mientras tanto, en los municipios se encuentran los problemas reales: las vías que no existen, los hospitales que necesitan soluciones, los proyectos que esperan financiación, las escuelas que requieren infraestructura, las comunidades que reclaman seguridad y los empresarios que necesitan que el Estado deje de ser un obstáculo.
Por eso, uno de los mayores desafíos de este Gobierno no será solamente decidir qué hacer, sino cambiar dónde y cómo se gobierna.
El Presidente no puede gobernar Colombia únicamente desde Bogotá.
Y esto no significa abandonar la capital ni trasladar físicamente toda la institucionalidad. Significa algo mucho más profundo: hacer del territorio el lugar donde se diseñan, coordinan, ejecutan y evalúan las políticas públicas.
Un Gobierno Territorial Permanente
Colombia necesita avanzar hacia un Gobierno Territorial Permanente.
No se trata de una gira presidencial cada cierto tiempo. Tampoco de llevar un consejo de ministros a una ciudad diferente para producir una fotografía institucional.
Se trata de crear una metodología permanente de Gobierno.
Un sistema en el que el Gobierno Nacional tenga presencia periódica, organizada y medible en las regiones; donde los ministros conozcan directamente las necesidades de los departamentos y municipios; donde los alcaldes puedan sentarse con quienes tienen capacidad real de decisión; y donde los ciudadanos puedan comprobar que sus problemas entran en la agenda nacional.
El territorio no debería ser una escala de campaña. Debería ser una oficina permanente del Gobierno.
Una posibilidad concreta sería establecer una agenda territorial rotativa: que cada semana una región del país sea el centro de la acción del Gobierno Nacional, con presencia coordinada de ministros, directores de entidades, altos funcionarios y equipos técnicos.
No para escuchar diagnósticos que ya conocemos, sino para tomar decisiones, destrabar proyectos, coordinar instituciones y establecer compromisos con responsables, recursos y fechas.
La diferencia es enorme.
Una visita institucional pregunta: ¿qué está pasando?
Un Gobierno Territorial pregunta: ¿qué vamos a hacer, ¿quién lo hará, ¿cuánto cuesta y cuándo estará listo?
El ministro debe conocer el territorio
También necesitamos cambiar la concepción del ministro.
Un ministro no puede ser solamente el jefe de una cartera en Bogotá. Debe convertirse en el líder nacional de una política pública que tiene que producir resultados en cada rincón del país.
Si el ministro de Salud no conoce los hospitales de las regiones, si el ministro de Transporte no conoce las carreteras que conectan los municipios, si el ministro de Educación no conoce las condiciones reales de las escuelas rurales o si el ministro de Minas y Energía no entiende las particularidades de los territorios productores, difícilmente podrá diseñar políticas públicas suficientemente conectadas con la realidad.
Gobernar desde el territorio permite algo que ningún informe puede reemplazar: ver, escuchar y decidir con información de primera mano.
Y aquí aparece una nueva dimensión del liderazgo presidencial.
El Presidente no debería ser únicamente quien define la agenda nacional. Debería ser también quien articula al Gobierno Nacional con los gobernadores, alcaldes, empresarios, comunidades, universidades y organizaciones sociales.
El ciudadano no distingue entre una competencia nacional, departamental o municipal cuando necesita una solución. Cuando una carretera está deteriorada, cuando falta un médico o cuando no encuentra empleo, no pregunta qué nivel de Gobierno tiene la competencia.
Pregunta algo mucho más sencillo: ¿Quién me va a solucionar el problema?
Gobernar es coordinar
El Gobierno Nacional debe dejar de mirar a las alcaldías y gobernaciones solamente como ejecutoras de recursos o receptoras de instrucciones. Debe reconocerlas como socios estratégicos para transformar el país.
El alcalde conoce el barrio.
El gobernador conoce la región.
El empresario conoce las oportunidades económicas.
La universidad conoce el conocimiento.
La comunidad conoce el problema.
Y el Gobierno Nacional tiene instrumentos, recursos y capacidad de articulación.
Cuando cada uno trabaja por separado, tenemos burocracia.
Cuando todos trabajan sobre un mismo propósito, tenemos Gobierno.